MARIGOT, Saint Martin – Se acerca una celebración de la identidad, la historia y el sentido de pertenencia, a través de discursos, música, actividades culturales y festividades públicas. Este año se presenta para la isla una oportunidad especial, que comienza con una pregunta: «¿Quién fue Saint Martín, el santo que da nombre a la isla?».
Saint Martín se encontró con un mendigo pobre, vestido apenas con harapos, sentado desamparado al borde del camino, sin nada que lo protegiera de la intemperie y sin nadie a quien pedir ayuda.
Al no tener dinero que ofrecer, Martín desenvainó su espada, cortó su capa en dos y compartió la mitad con aquel hombre desafortunado. Era solo media capa, pero para el mendigo significaba mucho más que un simple refugio: alguien se había fijado en él y se había preocupado por él.
Media capa encierra una gran lección para Saint Martín (Sint Maarten). El gesto de Saint Martín hacia el mendigo se convirtió en uno de los ejemplos de generosidad más perdurables de la tradición cristiana; un recordatorio de que compartir lo que tenemos con quienes lo necesitan vale la pena.
¿Por qué no convertir el 11 de noviembre en un «Día de Compartir» anual y demostrar que «La Isla Amistosa» (The Friendly Island) es mucho más que un eslogan turístico: es una forma de vida? Mantengamos las celebraciones tradicionales, pero añadiendo algo más: una nueva dimensión que todos los habitantes de la isla puedan disfrutar juntos; un día que se vuelva más especial y acogedor gracias a lo que la gente comparte, y no solo a lo que celebra. Demos un propósito distinto al dinamismo comercial.
Quizás la mejor manera de celebrar el Día de Saint Martín sea reflexionar sobre qué puede aportar cada uno de nosotros.
Los comercios podrían ofrecer precios especiales a todos los residentes, apoyando al mismo tiempo a quienes más lo necesitan, mediante una jornada de compras y solidaridad que incluya promociones atractivas, paquetes especiales y servicios gratuitos. Estas contribuciones podrían brindar ayuda práctica u ofrecer oportunidades que, de otro modo, estarían fuera del alcance de muchos. Combinar el atractivo comercial con la generosidad característica de la isla haría de ella un lugar más acogedor para quienes más lo necesitan.
Incluso una contribución modesta puede mejorar considerablemente la vida de alguien que lucha por salir adelante. Imaginemos ayudar a una familia, a una persona mayor o a un niño mediante un apoyo generoso, ya sea con alimentos o material escolar. Todos podemos aportar un poco para facilitar la vida cotidiana de los demás. Los medios de comunicación locales podrían destacar estos gestos como ejemplos prácticos de espíritu comunitario. Aún queda tiempo hasta el 11 de noviembre.
Las empresas, las organizaciones y los particulares todavía tienen la oportunidad de compartir algo que marque una verdadera diferencia en la vida de alguien. «La Isla Amistosa» (The Friendly Island) hace honor a su nombre al acoger a los visitantes; pero también podría merecerlo gracias a la bondad que sus habitantes se demuestran unos a otros.
La celebración más significativa sería aquella que ofrezca algo a quienes menos tienen. Esta iniciativa positiva, que abarca toda la isla, podría además impulsar la actividad comercial mediante ofertas anunciadas con antelación, permitiendo así que los residentes planifiquen sus compras y actividades.
¿Qué vería Saint Martín si llegara hoy a la isla? Vería un lugar hermoso, una economía turística próspera, empresas ambiciosas y personas que se esfuerzan por crear oportunidades. Pero también vería a residentes que han quedado al margen de esta prosperidad y que necesitan más calidez, seguridad y consideración. Él fomentaría el acto de compartir. Es aquí donde la historia de Saint Martín cobra especial relevancia, pues marca una diferencia fundamental entre celebrar la prosperidad y compartir sus beneficios.
Si Saint Martín conociera las herramientas de comunicación actuales, utilizaría tanto los medios tradicionales como las redes sociales para promover el «Día de Saint Martín» (St. Maarten Day) como un «Día para Compartir», combinando las festividades con gestos tangibles que realmente signifiquen algo para los demás.
Él preguntaría a los habitantes qué clase de país desean construir, subrayando que compartir es mucho más que un simple gesto moral: es una expresión de virtud y dignidad que contribuye a forjar una comunidad sostenible.








































