PHILIPSBURG, Sint Maarten – Ante una temporada de huracanes cada vez más devastadora y una degradación ambiental en curso, la necesidad de que Sint Maarten adopte estrategias de desarrollo sostenible nunca ha sido más urgente. Cómo residente que ha sido testigo de la transformación de nuestra isla, el ritmo imprudente de desarrollo ha llevado a la destrucción de nuestro patrimonio natural, cultural e histórico. Este enfoque no sólo compromete nuestra resiliencia al cambio climático sino que también pasa por alto el bienestar de nuestras comunidades, comunidades muy vulnerables a los impactos de un clima cambiante.
El primer paso hacia la sostenibilidad es detener la construcción excesiva y la destrucción ecológica que actualmente están en marcha. Los desarrollos planificados que amenazan nuestros últimos manglares ejemplifican el tipo de toma de decisiones miope que ya no se puede permitir. Nuestros recursos naturales costeros y terrestres, como los manglares, no son sólo amortiguadores críticos contra los huracanes; también apoyan la biodiversidad y ayudan en el secuestro de carbono, lo que los hace invaluables para un pequeño estado insular en desarrollo como el nuestro.
Nuestra infraestructura de servicios públicos, que ya está luchando bajo la carga existente y aún luchando con cuestiones tan básicas como la facturación, es una señal clara de que nuestra infraestructura pública no puede soportar un mayor desarrollo a gran escala. Esta situación subraya la necesidad de un estudio integral de la capacidad de carga para guiar nuestras decisiones de desarrollo responsablemente.
La zonificación efectiva y la implementación de planes nacionales de zonificación son esenciales. Nuestra isla requiere una estrategia de zonificación adaptativa que refleje nuestros contextos ecológicos y socioeconómicos únicos, incluidas protecciones estrictas para áreas sensibles. Se debe priorizar la transición de nuestras políticas de laderas y playas a leyes aplicables para proteger estos ecosistemas vulnerables de una mayor degradación.
Además, es crucial establecer áreas protegidas para nuestra fauna y flora locales. Estas zonas no solo preservarían nuestra biodiversidad sino que también brindarían espacios para que nuestra comunidad se reconecte y aprecie nuestro entorno natural.
Para garantizar un futuro sostenible, Sint Maarten también debe mirar hacia el desarrollo de una economía azul y verde. Estos sectores se centran en la conservación ecológica y el uso sostenible de los recursos oceánicos y terrestres, brindando oportunidades económicas que no comprometan nuestra salud ambiental. Este enfoque ha sido adoptado con éxito por otras regiones con capacidades similares, lo que demuestra que el desarrollo sostenible no sólo es necesario sino también alcanzable.
A nivel regional, la percepción de que Sint Maarten, supuestamente apoyada por los Países Bajos, debería ser un líder en prácticas sostenibles se recibe con incredulidad cuando se revela la realidad de nuestra situación. Debemos disipar esta idea tomando medidas proactivas nosotros mismos, especialmente a la luz del clima político actual en los Países Bajos, que sugiere que no deberíamos esperar mucho apoyo de ese sector.
Nuestro compromiso con la sostenibilidad debe incluir evaluaciones rigurosas del impacto ambiental y social de todos los desarrollos. Estas evaluaciones son fundamentales para prevenir la destrucción de nuestros recursos históricos, culturales y naturales y para garantizar que nuestras comunidades no se vean afectadas negativamente por los proyectos de desarrollo.
Sint Maarten se encuentra en un momento crítico y la elección es clara. Debemos rechazar las prácticas insostenibles que han llevado a la degradación ambiental y adoptar un modelo de desarrollo que garantice la resiliencia ambiental, la viabilidad económica y la equidad social. Ahora es el momento de actuar, para que no enfrentemos las consecuencias irreversibles de la inacción ante la adversidad climática.
















