Willemstad, Curaçao — La mala conducta y el comportamiento inapropiado en el lugar de trabajo le cuestan millones a Curaçao anualmente en pérdida de productividad, aumento del ausentismo y rotación de personal. Lejos de ser una preocupación puramente social, este problema representa un riesgo económico significativo y crónico para el país.
Este fue el mensaje central de Raúl Henríquez, Director y Secretario General del Consejo Social y Económico (SER) de Curaçao, durante un seminario público celebrado el martes 29 de abril en la Universidad de Curaçao (UoC). El evento fue organizado por OneCare, grupo de defensa de la salud y el trabajo.
Citando datos de una encuesta reciente, Henríquez informó que más del 80% de los empleados encuestados en Curaçao habían experimentado algún tipo de mala conducta laboral, incluyendo acoso, intimidación o agresión verbal. Casi la mitad reportó haber llamado para reportarse enfermo debido a estos incidentes, y más de un tercio finalmente abandonó su organización. “Esto no es un conjunto de incidentes aislados”, afirmó Henríquez. “Es un fenómeno estructural y subestimado con claras consecuencias macroeconómicas”.
Las previsiones indican que la inseguridad psicosocial en el trabajo genera importantes daños económicos. Para Curaçao, una isla con una fuerza laboral relativamente pequeña y una economía que depende en gran medida de sectores de servicios como el turismo, la construcción y la salud, estas pérdidas son insostenibles. “Una cultura laboral tóxica se traduce directamente en menor productividad, daño a la reputación y la pérdida de capital humano”, advirtió Henríquez. Tanto la investigación internacional como los datos regionales confirman la magnitud del impacto económico.
Como máximo órgano asesor del país en materia socioeconómica, el SER insta a empleadores, organismos gubernamentales, interlocutores sociales y organizaciones de la sociedad civil a tomar medidas concertadas para promover un entorno laboral más seguro. Henríquez abogó por la codificación legal de la protección psicosocial, el fortalecimiento de las estructuras de denuncia y una mayor inversión en prevención, formación de los empleados y supervisión regulatoria.
“La seguridad social en el trabajo no es opcional”, afirmó Henríquez. Invertir en una cultura laboral saludable y respetuosa es invertir en productividad, resiliencia y progreso colectivo.
El seminario contó con la asistencia de representantes del sector privado, el gobierno, el mundo académico y la sociedad civil. Forma parte de una campaña más amplia de concienciación pública y políticas públicas liderada por OneCare y el SER para abordar la seguridad y la dignidad en el trabajo en toda la isla.
















